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25N Día internacional de la eliminación de la violencia contra las mujeres.

Una oportunidad para reflexionar sobre la violencia digital que atraviesa las vidas de niñas y adolescentes.

25N Día internacional de la eliminación de la violencia contra las mujeres Una oportunidad para reflexionar sobre la violencia digital que atraviesa las vidas de niñas y adolescentes

Por Estela Santos. Innicia.

Septiembre, 2025

El 25 de noviembre es un día que ayuda a la visibilidad, reflexión y acción colectiva. Nace del movimiento feminista y de su esfuerzo continuo por situar las violencias contra las mujeres en el centro del debate social. Cada año se convierte en un recordatorio compartido de que estas violencias se transforman, se adaptan y adquieren nuevas formas según los contextos sociales en los que vivimos. Hoy, gran parte de esa transformación está enraizada en el uso cotidiano de las tecnologías digitales.

En este marco, desde Innicia hemos querido mirar de cerca cómo se expresa la violencia de género en los entornos digitales que forman parte del día a día de niñas, niños y adolescentes. Nuestro estudio cualitativo, basado en entrevistas a expertas y grupos de discusión con adolescentes y agentes familiares, educativos y sociales, nos ha permitido comprender mejor cómo se experimenta esta violencia, cómo se nombra y qué tensiones genera entre quienes acompañan a la infancia y la adolescencia.

Relación con el entorno digital: lo que cuentan chicas y chicos.

Una de las ideas más repetidas en los grupos de discusión con niños, niñas y adolescentes es que las redes no se viven como un entorno separado. TikTok, Instagram, WhatsApp o los chats de videojuegos funcionan como espacios donde se conversa, se negocian relaciones y se organiza el día a día. Las chicas y los chicos, por igual, explican que ahí se juegan aspectos que tienen que ver con la imagen, la autoestima y la percepción de seguridad.

Esta presencia continua hace que cualquier episodio digital tenga una repercusión tangible en la vida presencial. Una burla, un comentario sexualizado o una publicación fuera de contexto pueden modificar la convivencia en el instituto y el bienestar emocional durante semanas. Las plataformas actúan como amplificadores de dinámicas que niñas, niños y adolescentes ya encuentran en otros espacios, pero con una velocidad y una exposición que les cuesta gestionar.

Entre las definiciones sobre violencia digital de género más extendidas entienden ésta como un conjunto de prácticas agresivas mediadas por tecnologías, entre ellas el control, el acoso, las amenazas o la circulación de imágenes sin consentimiento. En nuestro estudio, estas categorías han sido un punto de partida para entender cómo niñas, niños y adolescentes interpretan esas experiencias dentro de su vida cotidiana. A partir de los grupos de discusión, se observa que las chicas sitúan el control digital como una vivencia frecuente en su entorno, más que los chicos, sobre todo por parte de las familias. Este control combina vigilancia tecnológica, exigencia de disponibilidad constante y revisión de la actividad en redes, y aparece revestido de una capa de “preocupación” y de cuidado, por lo que se dificulta reconocerlo como una forma de trato desigual entre chicas y chicos.

El relato de las chicas también señala un miedo constante ante el acoso sexual online, que se concreta en mensajes incómodos, solicitudes insistentes, contactos inesperados o recepción de imágenes con contenido sexual, lo hayan experimentado o no. Asimismo, aparece el miedo al envío y reenvío de imágenes sin consentimiento, una práctica donde la amenaza de humillación del grupo, el miedo a quedarse fuera y el peso de la autoimagen actúan como elementos centrales del temor, lo que les hace ser vigilantes con lo que envían y publican.

Un contexto que ayuda a entender la problemática.

Los relatos recogidos en la investigación se sitúan en un escenario donde la violencia digital forma parte del ecosistema cotidiano de la adolescencia. En este marco, la violencia digital aparece entrelazada con una arquitectura tecnológica que incentiva la reacción emocional intensa, el conflicto y la vigilancia, generando un clima de vulnerabilidad sostenida para las generaciones más jóvenes.

Las expertas entrevistadas sitúan estas experiencias en un proceso más amplio, marcado por la hiperconectividad emocional, la saturación informativa y la fragilidad relacional que caracteriza a la infancia y adolescencia actuales. La experta en infancia subraya que las y los jóvenes se encuentran en un contexto donde están “infinitamente más informados, pero sin referentes” y donde la vida social se desplaza hacia dentro de la casa, con menos espacios comunitarios y más dependencia de la mediación digital. Este escenario favorece que la violencia digital actúe como un hilo que atraviesa la construcción de la identidad, las amistades, el deseo y la pertenencia al grupo. Así, la violencia mediada por tecnología se inserta en dinámicas diarias de comparación, exposición y presión social, configurando un paisaje donde el daño puede circular con rapidez y quedar normalizado como parte del funcionamiento habitual de las redes.

Una mirada para este 25N: escuchar para transformar.

La violencia digital de género se enraíza en las mismas desigualdades que ya conocemos en otros ámbitos, pero adopta formas nuevas en un entorno donde la exposición y la rapidez moldean las relaciones. Comprender esta realidad requiere observar cómo se construye la identidad en redes, cómo actúan los grupos de iguales y qué papel tiene el mundo adulto en la regulación de esas dinámicas. El 25N forma parte de una tradición de movilización impulsada por el movimiento feminista y se ha consolidado como un espacio compartido para reflexionar sobre las violencias machistas que atraviesan nuestra vida cotidiana. En este marco, el espacio digital ocupa cada vez un espacio más central, ya que influye en la experiencia de los y las adolescentes y vehicula conductas machistas presentes con anterioridad.

Reflexionar y conocer en profundidad la violencia digital de género implica asumir que las soluciones no pueden centrarse únicamente en acciones individuales. Se necesita un diálogo social amplio que ponga sobre la mesa los modelos afectivos, los mandatos de género que se reproducen, y sobre el diseño de plataformas que moldean cómo nos relacionamos.

En breve colgaremos el informe completo y los resultados de este informe en nuestra sección Publicaciones de la web.

estudio investigación Miradas desde la infancia y la adolescencia ante la prevalencia de la violencia de género en el entorno digital de Innicia
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